El alto precio del petróleo a en los mercados internacionales está obligando a los gobiernos federales a tomar medidas impositivas para que los productos derivados del oro negro no se vean más encarecidos para el consumidor final.
El gobierno de Chile puso en marcha una disminución del impuesto a los combustibles para que las familias de la clase media no sufrieran los embates de los altos precios de los energéticos de una manera desmedida. Francia y su famoso presidente, Sarkozy, impulsan que en la Unión Europea se tenga una disminución del IVA del 19 por ciento a los productos obtenidos del petróleo para que los precios no se vean tan elevados por este fenómeno del mercado internacional.
En otras latitudes como la República Dominicana se habla de un recorte del impuesto a la gasolina del 30 por ciento, a lo que el gobierno responde de manera negativa.
En México, para este año se aprobó un incremento gradual de 2 centavos mensuales a la gasolina durante los siguientes 18 meses, sin embargo, en su plan para enfrentar los elevados precios de los granos, Calderón Hinojosa señaló que se destinarán 200 mil millones de pesos para estabilizar los precios de gasolina, diesel y gas LP.
Los diputados señalan que el incremento a la gasolina fue mínimo y actualmente tiene un precio menor al de Estados Unidos y que los dineros de los excedentes se utilizarán en parte para cuando el energético baje el precio de este combustible se mantenga en el mismo precio.
Para México el precio del oro negro le está saliendo caro. Se tiene desconfianza en el manejo de estos recursos por parte del gobierno de Felipe Calderón, que abruptamente y ante la incredulidad de todos los sectores de la sociedad mexicana se dijo que no hay excedentes.
Nadie cree esta afirmación del gobierno calderonista y se piensa que se están ocultando los recursos para presionar y se consiga una aprobación para la reforma de PEMEX propuesta por el gobierno federal.
Si la administración federal no tiene la transparencia y la suficiente inteligencia para manejar estos dineros le saldrán muy caros al gobierno: le generarán pugnas con los gobiernos estatales, desconfianza y desencuentros con el poder legislativo y una desaprobación por parte de la sociedad civil ante los argumentos poco creíbles sobre lo que se obtiene por la venta del petróleo.