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Incertidumbre, pero con ligeramente mayor crecimiento y menor inflación.

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En México anticipamos un año con un alto grado de incertidumbre para la economía nacional, particularmente por el proceso de renegociación del TLCAN, el impacto de la reforma tributaria en Estados Unidos, así como los comicios de julio.

En este sentido, estimamos que el tipo de cambio será la variable financiera que absorba mayormente los choques y es probable que se observen altos niveles de volatilidad. De acuerdo a la encuesta que lleva a cabo el Comité Nacional de Estudios Económicos del IMEF (CNEE) pronosticamos por segundo mes consecutivo un crecimiento de 2.30% para 2018.


Por su parte, en dicha encuesta, los economistas pronostican que la inflación bajará del 6.77% que cerró en 2017 a 4.10 % a finales del 2018. Un componente muy relevante en la reducción de la inflación anual tiene que ver con el efecto aritmético que causan “aumentos (casi) de una sola vez”, que terminan siendo “escalones” que duran 12 meses. Asimismo, no se anticipan presiones inflacionarias relevantes, salvo las que pudieran emerger en unos meses más si el tipo de cambio peso-dólar observara una depreciación importante mientras se acerca el día de la elección (1 de julio), y siempre y cuando no se desaten exigencias de aumentos salariales injustificados, para tratar de “compensar” la inflación de 2017.


Ahora, si bien la mediana de la expectativa del tipo de cambio para fin de año se encuentra en 19.10, no significa que no podamos ver una elevación de la volatilidad, sobre todo hacia mediados de año. En otras palabras, es probable que el peso se deprecie en la primera mitad del año y que se aprecie en el segundo semestre al haber pasado el “evento de riesgo”. Esa trayectoria para el tipo de cambio sería la esperada siempre y cuando no haya conflictos postelectorales.


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